Trastornos de conducta

El trastorno de la conducta o trastorno negativista desafiante es una alteración del comportamiento, que se caracteriza por un comportamiento inadecuado en el cual el niño no respeta los derechos de los demás niños ni las normas sociales propias de su edad. A menudo muestra un comportamiento transgresor, agresivo y hostil.

Es importante tener en cuenta que los trastornos de conducta no son una entidad clínica constituida, sino que manifiestan una dificultad de maduración emocional y un sufrimiento psíquico específico. Algunas de las características comunes del trastorno oposicionista desafiante son: enojo persistente, pataletas frecuentes y falta de respeto a la autoridad (padres, maestros, etc.).

Para poder diagnosticar un trastorno de la conducta los síntomas se han de haber perpetuado durante más de seis meses y han de ser considerados inapropiados para un niño de su edad.


El niño o niña han de mostrar entre cuatro y ocho de los siguientes síntomas:

  1. Rechaza activamente cumplir normas, consensos o acuerdos establecidos.
  2. Lleva a cabo acciones para molestar a los demás.
  3. Se muestra enfadado o resentido con los demás
  4. Se pelea con los demás constantemente.
  5. Culpa a los demás de sus errores.
  6. A menudo pierde los nervios.
  7. Se muestra rencoroso o busca venganza.
  8. Se molesta con facilidad y está irritable.



A fin de que el diagnóstico del trastorno negativista desafiante se pueda llevar a cabo se requiere que este patrón de conducta cause un malestar considerable en el resto de los miembros de la familia y el entorno escolar (priva al niño de hacer amigos y lo pone en situaciones peligrosas).

Este trastorno tiene una alta conmorbilidad con otros trastornos como el TDAH, la depresión, la ansiedad y el consumo de tóxicos en la adoslescencia si no se trata a una edad temprana.

La manera más eficaz de tratar este trastorno es la terapia cognitivo-conductual, ya que previene que los comportamientos problemáticos se refuercen involuntariamente por las personas de su entorno.

Los estudios demuestran que el uso del refuerzo positivo y el premio por los buenos comportamientos son dos elementos clave en las intervenciones efectivas. Si la mayoría de interacciones con el niño se centran en corregir los comportamientos negativos, se crea un ciclo de interacciones negativas, donde el niño espera atención después de haber actuado inadecuadamente. En cambio, el refuerzo positivo y el premio no solamente ayudan a construir una autoestima positiva sino que sirve para fortalecer los vínculos afectivos parentales. Para que el refuerzo positivo sea efectivo tiene que suceder inmediatamente después de la acción del niño que queremos que se repita. El tipo de refuerzo adecuado para cada niño se acuerda en la consulta con el terapeuta, el niño y sus cuidadores.