TDAH

Se diagnostica cuando el niño presenta alteraciones conductuales debido a la hiperactividad, la falta de atención mantenida y la impulsividad.
Estas alteraciones generan malestar en dos áreas principales:

  1. La emocional: causa irritabilidad, baja autoestima, dificultades de relación con los compañeros de clase, profesores y familiares, etc
  2. La escolar: causa dificultades en el aprendizaje, bajo rendimiento académico, fracaso escolar, desmotivación en los estudios, sensación de ineficacia, etc.


Estos síntomas empiezan a notarse en la infancia entre la edad de 6 y 12 años y es necesario que se les observe durante al menos seis meses para poder hacer un diagnóstico. A pesar de ser el trastorno más estudiado y más diagnosticado entre jóvenes y adolescentes de nuestro país (6-7% del total de la población infantil) la causa de este trastorno es desconocida. Como se trata de un trastorno de neurodesarrollo, la mayoría de los síntomas mejoran con los años, pero en un 30-50% de los casos la sintomatología perdura en la edad adulta. El problema, sin embargo, es que normalmente, cuando el trastorno se ha diagnosticado y tratado desde la infancia, los síntomas se complican y la persona puede llegar a desarrollar un trastorno de ansiedad o del estado de ánimo a causa de los problemas y las complicaciones que el trastorno le ha causado a lo largo de los años.

La gestión de los síntomas incluye entre otros aspectos cambios en el estilo de vida de la persona, medicación, (no siempre es necesario y/o útil) y psicoterapia o un tratamiento psicoeducativo como las reeducaciones psicopedagógicas.